sábado, 15 de junio de 2013

Melquiades Álvarez derrota a una enfermedad rara

  • El bracista Melquiades Álvarez confía en ser incluido en la selección de los Mundiales después de superar una enfermedad neurológica, y lograr la marca mínima.

JAVIER ROMANO. MADRID 14/06/13 - 18:46.
Cuando nada, Melquiades Álvarez siente calor en una mano y frío en la otra, la izquierda, como si atrapara menos agua. Son secuelas de la enfermedad que casi arruina su carrera deportiva, que le impidió competir en los Juegos Olímpicos de Londres y que, si no se produce una decisión en sentido contrario, le apartará también de los Mundiales de Barcelona.
El pasado miércoles, ‘Melki’, ex plusmarquista y subcampeón de Europa de los 200 metros braza en piscina corta, vio la luz por primera vez en año y medio de tinieblas. En el transcurso del Gran Premio Ciutat de Barcelona hizo una marca (2:11.85) por debajo de la mínima de clasificación para los Mundiales, aunque la selección se cerró hace ya tiempo.
Su calvario empezó en septiembre de 2011: unos dolores intensos en el brazo izquierdo, que a final de año derivaron en insensibilidad a lo largo de toda la extremidad. Se le dormía y agarrotaba, la mano se le cerraba y también se le atrofió la musculatura de la espalda. Nadie daba con la causa de su dolencia ni le ponían tratamiento. “Yo había estado preparándome cuatro años para los Juegos y sólo pensaba en tirar hacia delante, tenía que intentar clasificarme”, recuerda el bracista su angustia.
No lo consiguió, claro está. Cuando afrontaba su prueba, el brazo se le dormía 50 metros antes de concluirla. Finalmente, en el hospital barcelonés de Bellvitge dieron con la causa: síndrome Parsonage-Turner, una neuritis del plexo braquial catalogada entre las enfermedades raras, de origen desconocido. Afecta a 1,5 de cada 100.000 personas, y tarda entre uno y dos años en remitir.
“Me dijeron que tuviera paciencia, que me llevaría seis meses empezar a sentir el brazo, si todo iba bien”, explica ‘Melki’. Recibió el alta médica el pasado marzo, sólo tres semanas antes de la disputa del Open de España, única prueba clasificatoria para los Mundiales de Barcelona.
“No estaba en condiciones de hacer la marca y tampoco le podía pedir a mi club [el CN Sant Andreu] que me llevara a Pontevedra para nada, tal y como está la situación económica”, comenta el nadador. Dos semanas después compitió por primera vez en la temporada, en la Copa de España de clubes, pero ahí se comprobó que llegaba muy corto de preparación.
Álvarez y su entrenador, Jordi Jou, se marcaron como objetivo intentar nadar por debajo de la mínima en el circuito Mare Nostrum. Lo logró esta semana en su etapa de Barcelona. Él lo ve ahora “casi como un milagro”. “Lo hemos luchado y medio conseguido”, afirma, porque aún no sabe si le servirá para que el Director de Alto Rendimiento, José Antonio del Castillo, reconsidere la situación y le incorpore a la selección mundialista.
“Espero que prevalezca el sentido común. Yo no fallé el día D, sino que no pude nadar”, subraya. “Me parece bien que se abriera la mano para meter en la selección a jóvenes sin mínima porque se tienen que dar oportunidades a quienes las merecen, pero no se puede mantener que hay que lograrlas en el Open de España, o nada”.
El bracista reconoce que, dado su déficit de preparación, no podría optar a una final en los 200 braza en Barcelona, pero sí se ve con posibilidades de ser semifinalista y de completar un relevo de estilos competitivo. “Si he logrado hacer la mínima, no veo nada imposible. Me sigo entrenando como si fuera a los Mundiales”, confiesa sus anhelos. Una vez recuperado de su enfermedad, a sus 24 años, ‘Melki’ se plantea su deporte de otra manera: “Voy a nadar para disfrutar, no como si me fuera la vida en ello, que es lo que se nos inculcó en los últimos años”, sostiene.

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